Las primeras reuniones se celebraron en unos locales cedidos por los
Padres Dominicos. Se trataba de unas dependencias del primer convento que estos frailes habían levantado en el
siglo XIII, al frente del cual estuvo el fundador de la Orden y antiguo estudiante de Palencia,
Santo Domingo de Guzmán. Por esta razón se acogieron a la jurisdicción de la
parroquia de Santa Marina, a la que pertenecía el convento.
Nace como Cofradía Penitencial, porque la práctica perseguida sería la penitencia y mortificación de los hermanos, rememorando la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y llevando la Cruz a cuestas cada Semana Santa en profesión de fe. Su gloria siempre será la militancia en la Santa Madre Iglesia, mostrando por bandera la Cruz, como honra de todo cristiano y defenderla hasta la muerte. Su meta no podrá ser otra que alcanzar el perdón de Dios y gozar de la vida perdurable. La advocación de Jesús Nazareno marcará ese camino de reverencia a Jesucristo que murió para redimir a todos los hombres. Y en este marco se expandirá el mayor culto y devoción a su patrón, desde sus comienzos hasta nuestros días.
A lo largo de estos siglos de su azarosa existencia, pasará por períodos de grandeza marcados por la religiosidad de sus hermanos, por el entusiasmo y la fe cristiana, por la abundancia de cofrades que la darán un sólido prestigio entre la ciudadanía; pasará también, por épocas de agotamiento y de cansancio, de relajación general de las costumbres, de apatia y falta de interés, o de abandonos casi masivos de hermanos. Pero nunca faltará un puñado de ellos que permanezcan fieles a unas creencias. Siempre quedará un rescoldo que dará vida a nuevas llamas.
De estas épocas, afortunadamente poco frecuentes, saldrá siempre con humildad y valentía, con el esfuerzo siempre generoso de cofrades que, a lo largo de esta historia, siempre fueron capaces de entregar lo mejor de sí mismos por el bien de la comunidad. Un camino que llega hasta nuestros tiempos.
La vida de la Cofradía, el discurrir diario de sus cultos y devociones, caminará paralela al latir de la propia ciudad palentina. La historia de esta Cofradía no se puede plasmar sin conocer la vida diaria de la ciudad y se sus gentes. Tampoco se podría entender la sugestiva historia palentina sin la presencia nazarena.